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Por qué aprender a jugar al go

por Franklin Bassarsky

Este texto fue escrito para los asistentes al Curso de Go para Principiantes de julio y agosto de 2001. (Revisado en agosto de 2012.)

El go es el juego de estrategia más antiguo del mundo que aún sigue practicándose. Sus orígenes no se conocen con certeza. Hay quienes creen que se inventó antes que la escritura, hace unos cuatro mil años, en China o la India. Lo juegan muchos millones de personas en Oriente, y su difusión en Occidente crece continuamente. El go es más popular en Oriente de lo que lo es el ajedrez en Occidente. En Japón, China, Corea y Taiwán hay jugadores profesionales, algunos de los cuales gozan de gran prestigio y ganan importantes sumas de dinero. Hay torneos auspiciados por empresas y diarios, los que dedican grandes espacios a informar sobre la actividad de go y a comentar partidas. Hay muchas publicaciones especializadas en go, con información sobre torneos y otros eventos, y bibliotecas de miles de volúmenes con teoría, análisis de partidas y problemas. Es considerado un elemento importante de la cultura oriental, y gran parte del creciente desarrollo que tiene en Occidente se debe a los esfuerzos de los países orientales para difundirlo.

Hay mucho escrito sobre la historia del go, las relaciones del go con la ciencia, con el arte, con la filosofía, con la educación. Se han hecho estudios tendientes a evaluar los beneficios de la práctica del go en el desarrollo de la inteligencia, la sensibilidad estética, el pensamiento lógico, la creatividad, la habilidad para tomar decisiones acertadas y muchas otras destrezas, y sus resultados indican que el estudio y la práctica del go son efectivamente facilitadores del desarrollo de esas aptitudes.

Lo que más me atrajo del go, cuando lo conocí, siendo un entusiasta aunque mediocre jugador de ajedrez, es el fascinante contraste que existe entre la extrema simplicidad de las reglas y los elementos involucrados por un lado, y el extraordinario, insospechado grado de profundidad, riqueza, complejidad y sutileza al que se puede llegar con el estudio y la práctica del go, por el otro. El go resulta tan complejo y sutil como uno se lo proponga, por más que se proponga mucho. Los "elementos involucrados" son simples de verdad: cuadrado, recto y redondo (tablero, líneas de la grilla y piedras), blanco y negro, piedra y madera. No solo estos elementos son simples y primitivos, sino que el objetivo del juego, controlar territorio y rodear al enemigo, es también algo primario, instintivo. El hombre desde sus orígenes, y muchos animales, tienen estas tendencias, con las que parecen venir provistos desde su nacimiento: el go es un juego "natural". (En este sentido, es interesante compararlo con el ajedrez). El go es un juego "general": pocas reglas (y por lo tanto muchas situaciones posibles). El go es un juego abstracto: poca diferenciación entre sus elementos porque las piedras son todas iguales, salvo su color (y entonces representan potencialmente a muchos tipos de entidades). Estas características permiten experimentar una sensación de libertad al jugarlo, lo que a su vez favorece y estimula la creatividad: uno puede inventar ideas, probar su eficacia, gozar con la belleza de la obra. Como el rival está en las mismas condiciones, una partida es idealmente una construcción en la que dos oponentes luchan por objetivos contrarios, pero cooperan en la producción de una obra que puede satisfacer tanto al ganador como al perdedor. Por supuesto, una partida de go se parece más a esto cuanto más fuertes sean los jugadores, pero es una cualidad que está en germen aun en una partida entre principiantes.

Por otra parte, el hecho de que el go sea un juego simple y tan complejo como se quiera, natural, general y abstracto, lo convierte en una fuente de inspiración para aplicar los conocimientos de go a todo tipo de situaciones en las que hay comunicación, cooperación o conflicto, es decir a casi todas las interacciones humanas. Muchos dicen que el "el go es como la vida", y esto ciertamente no es una exageración o un slogan. Es decir que esas propiedades de simpleza, generalidad, naturalidad y abstracción hacen que las situaciones que se producen en una partida de go puedan ser consideradas parecidas a muchas otras situaciones, totalmente ajenas al go y a cualquier juego.

Otro atractivo de la práctica del go es el hecho de que constituye en cierta medida un lenguaje, un instrumento de comunicación. Uno de los nombres del go es shudan, que significa "lengua de manos". Es tan formidable la posibilidad de expresarse a través del go, que los jugadores llegan a conocerse en una medida sorprendente, aun sin usar el instrumento de comunicación que es la lengua escrita o hablada. El estilo de un jugador lo puede revelar audaz, temeroso, agresivo, equilibrado, original, sumiso con respecto a los principios establecidos o rebelde frente a ellos, paciente, ambicioso, flexible, rígido, negociador, pragmático, idealista, y puede manifestar muchas otras características de su personalidad como el grado de confianza en sí mismo o su capacidad para enfrentar las crisis con frialdad y serenidad.

Muchos equilibrios son premiados, y muchos excesos o defectos son castigados. Las piedras no deben estar ni muy concentradas ni muy dispersas, la conducta muy ambiciosa es castigada tanto como la muy conservadora, no debe atacarse tanto que por ello se descuide la defensa, no se debe actuar rígidamente insistiendo en ideas que pierden validez al cambiar la posición constantemente, y la falta de balance, de armonía (coherencia entre las jugadas propias, adecuación a las ajenas) o de objetividad (exceso de optimismo o de pesimismo en el diagnóstico y en el pronóstico) es castigada. Jugar al go es permanentemente negociar con el oponente, y uno debe aprender a hacer intercambios en los que lo que gana es muy poco más que lo que pierde. La victoria obtenida en base a la acumulación de pequeñas ventajas es una de las más satisfactorias. A veces es necesario también aplicar la fuerza bruta, o arriesgar todo en una batalla decisiva. Estos y otros hechos son la base del valor educativo del go, cuya práctica ayuda así a desarrollar características de la personalidad que preparan para un mejor desempeño "en la vida". Por ejemplo, el go es un buen modelo para generar criterios exitosos en la toma de decisiones.

Siendo una guerra que se disputa en varios frentes a la vez, requiere el desarrollo de habilidades tácticas, para peleas localizadas, cuerpo a cuerpo, (piedra a piedra) y también el aprendizaje de la conducción estratégica, la planificación global y la coordinación de las acciones en cada frente de batalla. Mao Tse Tung era jugador de go y se dice que buena parte de sus acciones militares estuvieron inspiradas en la sabiduría "goística". En círculos militares y diplomáticos de Estados Unidos se ha reconocido el valor del go como herramienta para comprender el pensamiento estratégico oriental.

Además de ser un desafío intelectual, la práctica del go estimula el desarrollo de la percepción de las formas. Hay también belleza, elegancia y hasta majestuosidad en algunas posiciones y secuencias de jugadas. A medida que las piedras se van colocando en el tablero (la partida empieza con el tablero vacío y las piedras no se mueven, aunque a veces son retiradas), se producen formas cambiantes que dan una sensación de movimiento, y a menudo lo rodeado se hace rodeador, lo muerto, vivo, el territorio negro se hace blanco, o una batalla "ganada" se pierde para ganar una más grande. Muchos se sienten atraídos por la belleza de este dinamismo y lo emocionante de estas transformaciones.

Como toda obra de arte, una buena partida de go es gozada por quienes la juegan por el acto de creación que realizan y disfrutada también por quienes la observan sin ser protagonistas. La expresión de los jugadores al colocar las piedras constituye un acto de comunicación entre ellos, pero también con los espectadores, tal como sucede con quien escucha una sinfonía, contempla un cuadro o admira la demostración de un teorema.

El elogio que acabo de hacer del go debe entenderse como el testimonio de una experiencia personal. He tratado de trasmitir algo de mi experiencia, más que presentar datos objetivos u opiniones ajenas.

Seguramente la lista de razones presentadas aquí que justifican el esfuerzo de aprender a jugar al go es muy incompleta, y a medida que se juega van surgiendo otros aspectos. Pero una de las razones más importantes por las que es recomendable aprender a jugar al go es el placer, creciente indefinidamente con el tiempo, que se obtiene jugando.

Les aseguro que el go puede llegar a ser una fuente de gozo y placer muy grandes, y muy escondida debajo de un inocente cuadriculado y de esos botoncitos blancos y negros.

En el sitio web de la Asociación Argentina del Juego de Go hay una página de enlaces a través de la cual se puede acceder a una enorme cantidad de material sobre diversos aspectos del juego.

Franklin Bassarsky